Payasos de Hospital: Mi amigo Juan Mendoza, que es un payaso de hospital se esta quedando calvo, como su papá.
Su rutina favorita es entrar al cuarto de recuperación donde el niño internado, agacharse, enseñar su calva y romper el hielo diciendo:
"No estoy calvo, solo tengo algunas entradas que me llegan al trasero".
La forma en la que lo dice y el tono que usa, ademas que va vestido de payaso, hace reír a cualquiera. Es lo que hace en su tiempo libre.
El esta usando en los niños terminales de cáncer y sida una de las terapias mas divertidas y baratas que hay. Se le llama terapia de la risa.
Los payasos de hospital: Es un payaso solitario caminando por un pasillo del nosocomio, está fuera de lugar y es vulnerable. Esa vulnerabilidad se asemeja a la del niño, que está tambien fuera de lugar en el entorno sanitario, y que, al final, aparte del apoyo de la familia y los amigos, debe enfrentarse solo a su enfermedad.
En este aspecto, el payaso y el niño se convierten en aliados. Durante la última década, ha habido un rápido crecimiento de la presencia de payasos en hospitales, en especial en entornos pediátricos.
Los Payasos de Hospital se han convertido en la novedad de los nosocomios latinoamericanos. Siempre encuentran un buen método para lograr que las personas que estan estresadas o ansiosas se relajen. Y que los niños, tan estresados, encuentran a alguien que habla su lenguaje y los entiende.
Y sí, son profesionales que se dedican solo a dar esta medicina, y vaya que son buenos en esto!.
Los payasos de Hospital utilizan la risa como vehículo para disminuir la ansiedad y el estrés.
Está demostrado que la risa y la carcajada, cuando estas surgen de un modo espontáneo y natural, tienen efectos saludables sobre nuestro organismo: nos rejuvenece, combate el estrés, relaja las tensiones y mejora a aquellos pacientes que sufren ansiedad o depresión.
Con la risa se producen endorfinas en el organismo que al ser liberadas dan una sensación de placidez y relajación. La risa proporciona la sensación de vivir el aquí el ahora, cosa a la cual cada vez estamos menos acostumbrados.
Estamos tan acostumbrandonos a hacer grandes planes a medio y a corto plazo, tanto en el ámbito laboral como el personal, que nos impiden disfrutar del día a día y provocan ansiedad por llegar a los objetivos que tenemos marcados.
De tal manera que siempre estamos posponiendo la felicidad para un futuro.
Voy a ser feliz: "Cuando me gradúe, cuando me compre el auto nuevo"... cuando lo único que tenemos es el aquí y ahora. La risa nos obliga a ubicarnos en este tiempo presente. Los payasos de hospital hacen que la gente viva el momento.
El trabajo de los payasos de hospital es una mezcla de diversos ingredientes. Coja algo de su experiencia teatral con niños, bastante de técnica de clown, algo de magia, mucha improvisación, un poco de música, mucho de psicología infantil y agítelo bien todo. Con este cóctel estará preparado para cualquier eventualidad... menos para la muerte de esa niña que tanto le cautivó. Cuando ese fatídico momento se acerca solo nos queda el recurso de contar un cuento, una alegoría de los paraísos interiores y quizás pegar unas estrellas en el techo de su habitación, de esas que si apagas la luz siguen brillando, y esperar a que el niño despierte y las vea, o no. Los niños ya han preparado su viaje y siempre lo aceptan con una serenidad que a los adultos les produce estremecimiento. Saben que la muerte es otra forma de vida. Cruzan al otro lado de la laguna Estigia conducidos por Caronte para seguir su camino, cualquiera que sea. Y nosotros cruzamos el pasillo para seguir con otro niño que acaba de llegar para ser operado de apendicitis y tiene una cara de susto que no veas. Le dio un dolorcillo en el lado la tarde anterior, después de la fiesta de cumpleaños de su hermano mayor. Por la noche se puso fatal y a la mañana siguiente lo llevaron a urgencias. Por la vía rápida entró en la sala de preparación de quirófanos y ante lo que se le venía encima creyó morir del susto. ¿Dónde están sus padres? ¿Por qué todo el mundo lo trata tan bien, si ni siquiera lo conocen? Con sus cinco años a cuestas nos dijo llorando que le había pasado eso porque había comido demasiada tarta el día del cumpleaños de su hermano. Le daba igual que le contáramos que a nuestro elefante le había pasado lo mismo que a él y que también estaba allí, pero que había sido por montar en bicicleta. A él fue por la tarta y no hay más que hablar. Pronto se calma y entra el juego de los disparates, la anestesia previa va haciendo efecto y se relaja hasta el punto de decir más tonterías que nosotros. Terminamos buscando la pulga, que está imposible y no se está quieta. Aparece un enfermero que lo coge para introducirlo en el quirófano. Le damos el encargo de que si ve la pulga o el elefante que les diga que estamos esperando aquí. Nos despedimos de él y comprobamos satisfechos que no se ha enterado de nada de lo que antes le asustaba tanto. Cuando acabó su operación lo recibimos en el mismo lugar que nos habíamos despedido. Abrió el ojo y totalmente atontado por la anestesia general y con lengua borracha nos dijo: ¡Vamos a jugar! y siguió durmiendo un rato más... Cogemos nuestros bártulos y nos vamos a nuestra casa con la marca del elástico de la nariz roja en la cara. Los payasos de hospital viven esto cada día. Texto enviados por Juan Pedro Romera de Pupaclown |
Mas información valiosa sobre payasos de hospital en los siguientes links
http://kindsein.com/es/22/1/505/
http://www.clownplanet.com/payasoshospital.htm
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